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Hace
varios años y con motivo de la desaparición de la Prisión de
Carabanchel, recibí una llamada del Director General de Instituciones
Penitenciarias para decirme si quería incorporar al "Museo
Reverte-Coma" de Antropología Médica-Forense, Paleopatología y
Criminalística (Escuela de Medicina Legal), lo que quedaba del antiguo
Museo Penitenciario de Carabanchel, que no era mucho, pero sí
interesante. Acepté enseguida porque yo conocía aquella Colección e
incluso hacía varios años que la había estudiado. Pero estaba muy
lejos de ser la que existió en tiempos pasados cuando D. Rafael
Salillas creó la Escuela de Criminología para la formación y
capacitación del personal de prisiones, establecida en la antigua y ya
desaparecida Cárcel Modelo de Madrid.
Salillas
hizo un trabajo a conciencia, de acuerdo con las corrientes de entonces.
Era la época de las taras y estigmas degenerativos, de Lombroso, Garófalo,
Tarde, Ferri, de la Antropometría que comenzaba a hacerse indispensable
en busca del criminal nato.
Junto
con la Escuela de Criminología, se organiza una buena Biblioteca
especializada de la que se ha salvado la mayor parte y que conserva la
Srta. Lledó. Había en aquel Museo, Aparatos de Antropometría,
Psicometría, láminas etnográficas, una interesante colección de
fotografías de terroristas y delincuentes profesionales, tatuajes,
huellas dactilares. Era todavía la época del retrato hablado, que
nunca ha llegado a desaparecer totalmente, los comienzos de la
Dactiloscopia.
En
aquel Museo, como señalaba Rico de Estasen en un artículo de la época,
había vaciados de cráneos prehistóricos, de primates, esqueletos,
panoplias repletas de armas fabricadas por reclusos, objetos de la
"industria carcelaria", instrumentos para la comisión de
delitos, colecciones de documentos pertenecientes a delincuentes
profesionales, palimpsestos carcelarios y otros.
De
todo esto no queda nada.
Salillas
había recogido con grandes dificultades algunos cráneos de criminales
célebres que se conservaban en aquel Museo, algunos de los cuales son
los que han llegado hasta nosotros, la mayoría sin ninguna información
que permita identificarlos. Las etiquetas han desaparecido y sólo
quedan unos números en algunos cráneos, pero sin ninguna relación ni
historia de los mismos. Nuestra labor ha sido difícil y aún no hemos
podido identificarlos todos.
En
un artículo de la Revista "Investigación", Salillas publica
varias fotografías de aquellos cráneos de criminales. Entre ellos
estaba el del tristemente famoso Moisés Alejo Magdalena, un
indio visaya, nacido en Cibonga, provincia de Cebú (Filipinas), que fue
marinero de profesión. Ingresó el 1º de enero de 1860 en el Penal de
Zamboanga para cumplir 10 años de condena que le impuso la Audiencia de
Manila por el delito de homicidio.
Dos
años después, el 23 de septiembre de 1862, asesinó a un
"bastonero" (cabo de vara) del Presidio llamado Francisco
Aguedo. Esto añadió otros 10 años a su condena, cosa que a él le
daba lo mismo porque ya tenía cadena perpetua.
Pero
era un hombre díscolo y no podía soportar el regimen penitenciario, así
que se evadió de la prisión en 1870. Poco después era aprehendido por
los moros de la Sultanía de Suponga y volvió a la cárcel de la que de
nuevo escapó un año más tarde cometiendo toda clase de fechorías con
su crueldad característica.
Poco
después le capturaban, esta vez los moros de Bonga, lo que le costó
otro año de presidio. Sin embargo, no cejaba en sus intentos y por
tercera vez se evadió de esta nueva prisión el 12 de junio de 1872 y aún
una cuarta vez el 5 de junio de 1875.
Nunca
se pudo saber de cuántos asesinatos fue responsable, pero hay la
certeza de que fueron muchos, unos por venganza, y otros simplemente
para robar y desvalijar a los pacíficos filipinos que viajaban por los
caminos de aquellos tiempos. En cierta ocasión, con motivo de otro
intento de fuga y aunque llevaba las esposas puestas logró golpear al
portero del Presidio no pudiendo matarle, primero porque no le acertó
de lleno y luego porque llegó gente en auxilio del herido y en aquella
ocasión no pudo escapar.
No
sabemos más, ni cómo ni cuándo murió. Tampoco sabemos quién trajo
el cráneo a España. Yo sospecho que fue el Dr. Domingo Sánchez y Sánchez
que trabajó toda su juventud en Filipinas como Zoólogo del Ministerio
de Fomento y que más tarde estudió Medicina llegando a ser el brazo
derecho de D. Santiago Ramón y Cajal. D. Domingo a quien conocí ya de
edad muy avanzada en el Instituto Ramón y Cajal de Investigaciones
Científicas (del CSIC) con motivo de que yo disfruté de dos becas en
aquel centro. Yo tuve la fortuna de tenerle por maestro y más tarde
heredar todo su archivo, junto con muchos de sus libros. Años más
tarde yo iría también a Filipinas con una misión y aproveché el
estar allí para recorrer muchos de los lugares que él recorrió para
poder completar con mis propios medios la autobiografía de la que fui
heredero y que aún está inédita. Llegó a reunir D. Domingo más de
400 cráneos, que desafortunadamente perdió en su mayor parte en un
incendio. No obstante trajo algunos que yo conservo en el Museo como un
tesoro.
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Tengo
un cráneo de otro asesino, que no perteneció a La colección del Museo
Penitenciario, sino a la Escuela de Medicina Legal. Perteneció a Tulisán
Mateo Yunga, natural de Macabele (Sampang, Filipinas). Asesinó a
cinco personas y fue muerto por la Guardia Civil el 8 de septiembre de
1884 en la provincia de Bataan (Filipinas). Este cráneo está bien
documentado y consta que D. Domingo Sánchez lo trajo a España, como
consta en una etiqueta escrita de su puño y letra donde hace brevemente
mención a las circunstancias en que fue obtenido.
La
palabra "Tulisán" en Filipinas es equivalente a especialista
en artes marciales, pero en lugar de practicarse con llaves, golpes,
patadas, sables, katanas, lusakas, bastones u otros instrumentos, ésta
se practica con un cuchillo malayo. Los dos luchadores frente a frente,
demuestran quién es más hábil en el uso y esquiva del cuchillo. Es
mucho más cruento o puede serlo. Mientras se trata de un entrenamiento,
sólo son fintas, se esquivan y se arremeten, pero sin llegar a herirse.
Ahí está la habilidad. Pero estos "especialistas" son
temibles cuando actúan de otra forma y así la lucha termina con la
muerte de uno de ellos o con heridas graves.
Este
"Tulisán" MateoYunga era un tipo peligroso. Utilizaba sus
conocimientos en el arte del cuchillo para robar y matar certeramente a
sus víctimas, que se contaron hasta cinco confirmadas por nuestras
Guardia Civil en Filipinas. Fué perseguido por estos crímenes en
cumplimiento de la orden de detención que pesaba sobre él. Hábilmente
y como conocedor de selvas y montañas, logró durante un tiempo
esquivar a las autoridades, pero por fin fue hallada su pista por la
Guardia Civil acorralándole en un cerro. Se defendió bravamente
logrando herir a varios de sus perseguidores, pero uno de ellos consiguió
darle un golpe con el típico "bolo" (machete corto) filipino
que sólo le hirió en la cabeza de refilón, pero le hizo caer, lo que
aprovechó el guardia para darle de lleno otro golpe en la parte lateral
del cráneo que fue suficiente para acabar con su vida. Al caer al suelo
debieron querer decapitarlo y uno de los guardias trató de hacerlo,
pero con tan mala puntería que tropezó con los cóndilos del occipital
quedando embotado en ellos. Puede apreciarse en el cráneo todas estas
lesiones y los cóndilos del occipital medio seccionados. Debió de
retirar el "bolo" y al segundo intento, apuntó mejor un poco
más abajo, en la región cervical y le separó la cabeza del resto del
cuerpo al estilo filipino.
Creo
que D. Domingo, conocedor de estas costumbres, se hizo oficialmente con
el cráneo, lo preparó y lo conservó en su colección antropológica.
Esta, junto con sus colecciones zoológicas, se conservaba en un recinto
anexo a su vivienda, pero accidentalmente sufrió un incendio que
destruyó casi totalmente sus colecciones con tantos esfuerzos y
peligros obtenidas en aquellas selvas. Pudo salvar las piezas más
resistentes, entre ellas el cráneo de este "Tulisán" Mateo
Yunga y seguramente el de Moisés Alejos. El primero fue a parar a su
regreso a España a la Escuela de Medicina Legal y el segundo a la
Escuela de Criminología. Sin embargo no hemos hallado ningún documento
que mencione a Moisés Alejos ni tampoco hemos hallado el cráneo.
Posiblemente alguien ha de tenerlo guardado.
El
cráneo de Moisés Alejos pudo verlo Estasen en el Museo Penitenciario,
fotografiarlo y publicar esa fotografía en su artículo. En la foto
puede verse que tenía una gran etiqueta pegada en el hueso frontal que
cubría todo el hueso. En ella aún puede leerse el nombre de Moisés
Alejos. Hay otro texto extenso pero está muy borroso siendo casi
ilegible.
Entre
los cráneos que tengo en la vitrina dedicada a la Colección del Museo
Penitenciario, no hay ninguno con esa etiqueta. Tampoco tiene maxilar
inferior ni peana y en la foto los tenía, ni tampoco tiene las características
que presenta la foto, como es la apertura de todos los alvéolos
dentales superiores posiblemente debido a una periodontitis crónica,
cosa muy frecuente en aquel país como en toda Indonesia, Malasia y en
la India donde millones de personas mastican constantemente hojas de betel
(Piper betel L.), mezclado con fragmentos de nuez de areca
(Areca catechu L.) y cal para alcanizar la saliva y así poder
extraer los alcaloides que contiene. En ninguno de los cráneos de esta
colección quedan huellas de que haya habido una gran etiqueta adherida
al frontal.
Por
otra parte en la foto se aprecia la abertura nasal que es redondeada y
ancha, debido a que los huesos propios de la nariz son muy largos. También
la foto de Alejos presenta órbitas cuadrangulares y horizontales.
Ninguno de los cráneos de esta colección tiene estas características.
La
mayoría tienen una etiqueta adherida en el parietal derecho en su parte
póstero-inferior con un número.
Nº
1...Varón de 70 ó más años con todas la suturas craneales
borradas, incluso las témporo-parietales. Tiene la frente huidiza y no
hay huellas de que haya llevado pegada una etiqueta grande en el
frontal.
Nº
2...Varón de 40-45 años. En el parietal izquierdo se puede leer en
escritura antigua y a lápiz la palabra "PERNALES". Tiene una
fuerte protuberancia interorbitaria (glabelar). A pesar de este rótulo
pintado a lápiz dudo que sea el "Pernales" (Francisco Ríos).
Confiesa Salillas que nunca pudo hallar este cráneo.
Nº
3...Varón de 30-35 años. Lleva una etiqueta pegada en el parietal
izquierdo en su parte póstero-inferior que muestra el nº 3. En el
parietal lleva también el nº 3 escrito a lápiz, así como en el
occipital.Tiene poco relieve supraorbitario y órbitas muy oblicuas.
Mastoides robustas. Las suturas craneales conservan su dibujo aún
completo. (Prescindimos de mediciones antropométricas para no hacer
demasiado extenso este trabajo).
No
hay ningún cráneo con la numeración 4 y 5 (Faltan)
Nº
6...Varón de 40-50 años con escaso relieve supraorbitario. Falta
región facial (Esplacnocráneo). Mastoides robustas. Hay un hueso lambdático
grande y otros wormianos más pequeños en sutura lambdoidea derecha.
Lleva el nº 6 en una etiqueta adherida al parietal derecho como las
anteriores.
Nº
7...Varón de 30-40 años. Conserva suturas craneales bien
dibujadas. Protuberancias supraorbitarias hacen buen relieve. Falta región
facial (Esplacnocráneo). Mastoides robustas. Lleva la etiqueta con la
numeración como los otros.
Nº
8...Varón de 40-50 años, con suturas borrosas. Protuberancias
supraorbitarias muy marcadas. Glabela prominente. Hay una lesión en la
región frontal media e inferior de 3-4 cm con hundimiento de la lámina
externa producida en vida probablemente por un instrumento contundente.
Orbitas cuadradas, lisas y un tanto oblicuas. Faltan pómulo derecho y
arco zigomático del mismo lado. El número lo lleva adherido como los
anteriores.
Nº
9...Varón de 70 ó más años con todas las suturas craneales
borradas. En temporal superior derecho muestra una lesión producida en
vida con pérdida de substancia, de dirección horizontal, de 4.5 cm de
longitud por 2 cm de altura en su parte media. Protuberancias
supraorbitarias marcadas sobre todo en glabela. Falta cara (esplacnocráneo).
Como los demás tiene una etiqueta sobre la región parietal postero-inferior
derecha donde se lee el nº 9.
Faltan
los números 10 y 11.
N¼
12...Varón de 50-60 años, con suturas craneales muy borrosas,
inclusive las témporo-parietales. En el temporal izquierdo aparece
marcado a lápiz el nº 12. Abertura nasal piriforme, alargada. Glabela
prominente. Hay discreto "moño soriano" en la región
occipital.
S/n...
No tiene etiqueta numerada. Varón de 40-50 años. Suturas borradas
excepto las témporo-parietales. Sólo tiene hecha a lápiz una pequeña
cruz en la región glabelar. No tiene etiqueta numerada. Protuberancias
frontales discretas, mastoides grandes. No tiene ningún parecido con la
citada foto de Alejos.
S/n...Varón
de 30-40 años. Fuertes protuberancias supraorbitarias sobre todo en el
lado derecho. En el occipital hay algo escrito a lápiz que no se
distingue bien. Parece un nombre pero es ilegible. En el arco zigomático
derecho lleva un hilo de alambre enrollado dos veces que debió de ser
restos de alguna antigua etiqueta desaparecida.
En
total, los procedentes del Museo Penitenciario de Carabanchel no
identificados son los siguientes: 1, 2, 3...6, 7, 8 , 9 con etiqueta
numerada pero sin identificación. El nº 12 marcado sólo a lápiz y
dos sin número, tampoco identificados. El número 2 lleva escrito a
mano la palabra "PERNALES", pero no me ofrece ninguna garantía
porque según Salillas estuvo buscando este cráneo, pero no lo encontró.
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Sólo
hay un cráneo procedentes del Museo Penitenciario que está bien
identificado. Está autopsiado, separada la calota del resto del cráneo
y sobre ésta aparece escrito con mala ortografía lo siguiente:
"Perteneció
a "Fantasía", ladrón audaz asesinado por "Pinchauvas"
en el camino de "Sebilla" a "Huerva".
Este
"Pinchauvas" según la tradición extendida por toda Anadalucía,
fue uno de los lugartenientes del "Fantasía". Las autoridades
de entonces al no poder capturar a este bandido, pusieron precio a su
cabeza. Era demasiado escurridizo. Pero la Guardia Civil consiguió
capturar a "Pinchauvas", el lugarteniente. Entonces le
ofrecieron el perdón de todos sus delitos si conseguía traer al
"Fantasía". Aceptó éste la traición, y mientras dormía su
jefe, lo degolló y cargando con él en una caballería se lo llevó a
la Guardia Civil. Así terminó el "Fantasía" por una traición.
Salillas
pudo conseguir oficialmente el cráneo del "Fantasía" para la
Colección de la Escuela de Criminología, pero no pudo conseguir el de
"Pinchauvas".
En
aquella colección de cráneos estuvo también la sanguinaria "Mujer
del saco", así llamada por haber asesinado a otra mujer para
robarla, descuartizándola y metiéndola en un saco. No hay ningún cráneo
en esta colección que corresponda a la fotografía inserta en su artículo,
1º porque no hay ninguna mujer y 2º porque la Mujer del saco aparece
autopsiada, con la calota separada del resto del cráneo. Este cráneo
ha desaparecido como el de Moisés Alejos. Seguramente alguien los tiene
guardados porque los cráneos no se suelen tirar a la basura y menos éstos
que son históricos.
En
1889, con ocasión de un viaje que realizó Salillas a la ciudad de
Ceuta, para conocer el funcionamiento del "El Hacho", que era
el penal de aquella ciudad, oyó contar las hazañas de dos reclusos
llamados Francisco Correas López y Juan Montoro Doña.
Correas
había sido pasado por las armas el 14 de agosto de 1883, por el
terrible asesinato de la cantinera de dicho Penal.
Y
Juan Montoro Doña fue un célebre bandolero, especialista en
secuestros, de la provincia de Málaga, que falleció el 12 de enero de
1886.
Ambos
fueron sepultados en el Cementerio de Ceuta y Salillas consiguió que
fueran exhumados ambos y le cedieran los cráneos para enriquecer con
ellos el Museo antropológico de la Escuela de Criminología.
Entre
las fotos incluídas en el artículo de Estasen hay una que muestra dos
cráneos, uno tiene adherida una etiqueta sobre el frontal en la que
puede leerse el nombre: Juan Montoro Doña. No hay ninguno en
nuestra colección que conserve esta etiqueta ni restos de haberla
tenido adherida. También debe haber alguien que ha guardado este cráneo.
Entre
la Colección de cráneos del Museo Penitenciario había otro que fue
hallado en las excavaciones que se realizaron en la gruta del Monte
Anada, den Punta Hidalgo (Tenerife) uno de los lugares donde los
guanches o primitivos habitantes de Canarias enterraban a sus muertos.
Es muy difícil dada la calidad de las fotografías poder decir si está
entre los no identificados
de
nuestro Museo. Refiere asimismo que había unos cuantos cráneos más
que pertenecieron a asesinos y bandoleros cuyos nombres se desconocen,
todos los cuales había muerto en prisión. Tampoco hay ninguno de estos
cráneos.
No
obstante las gestiones de Salillas, los cráneos del
"Pernales" y su lugarteniente "El niño del
Arrabal", enterrados en el cementerio de Alcaraz Albacete), no se
pudieron conseguir. Por eso el cráneo nº 2, marcado con lápiz que
dice "Pernales" no creo que corresponda a aquel delincuente.
Por
último, en las vitrinas dedicadas a la Colección del Museo
Penitenciario , puede verse una cabeza-retrato de un hombre que parece
dormir. Cuenta la historia que la hizo un recluso dándole sus facciones
y dejando sobre el catre dicha cabeza que tapaba con una manta hasta el
cuello dando la impresión a la escasa luz de la celda nocturna que
estaba tranquilamente dormido. Así, cuando el celador miraba por la
mirilla de la puerta de la celda, quedaba tranquilo, pensando que estaba
durmiendo. Mientras tanto aquel "artista" estaba haciendo un
agujero para escapar de la prisión.
Hay
también otra curiosa figura. Un cráneo hecho por un recluso con
"Jabón Lagarto" verde. Y por último el "garrote
vil" que había en la Prisión de Carabanchel en su caja de madera
con el que fueron ejecutados más de 60 reos en el siglo pasado, el último
de los cuales fue el tristemente famoso Jose María Jarabo.
No
obstante las dificultades seguiremos buscando algún documento que
pudiese aparecer y que nos revele los nombres de aquellos a quienes
pertenecieron los cráneos aún no identificados.
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